De rojo tirando a negro

A las puertas del Washington Irving




Intentaba hacer memoria de cuántas veces había subido aquella cuesta, de cuántas veces había repetido las mismas fotos o hecho los mismos comentarios. Pero sobretodo, intentaba revivir sentimientos y sensaciones. Apenas le quedaban vagos destellos de la última vez que habían hecho aquel camino todos juntos y recordaba con media sonrisa su última visita a la ciudad fuera de temporada y con una compañía diferente. Nada había cambiado mucho en realidad: luz, verde, agua, el lujo del Alambra Palace, las verjas de la escuela de acogida de las monjas de Conhita Barrecheguren y más camino hacia arriba. Pero si había algo diferente: Washington Irving, el hotel que tantas fantasías le había despertado de pequeña, estaba cerrado y medio en ruinas. Aquel complejo, uno de los más cercanos a la Alambra, llevaba el nombre de uno de los escritores que le habían inspirado las únicas historias de amor que había sido capaz de escribir nunca. Qué tonta se sentía pensando en ello ahora y que cursi le parecieron siempre todas esas cosas. Aunque en realidad siga pensando en aquel chico que debería haber conocido a las puertas del Palacio de Carlos V.


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: